Foto: Criterio Online

Esta es la promesa que Jesús hizo a sus discípulos. El día de Pentecostés, recibieron la fuerza del Espíritu Santo y descubrieron que siempre iba a estar con ellos. Eso mismo creemos nosotros hoy, después de mucho tiempo. El Espíritu Santo nos modela en otros Cristos, o sea, nos hace partícipes de su misma vida y nos permite decir como Él mismo: “¡Abba, Padre!” (Gál 4,6). Es así que ellos llenos de entusiasmo salen a las calles y proclaman a todos, que el mismo que había muerto, el mismo que parecía había sido vencido, ha resucitado. ¡Está vivo! Y está junto a Dios como Señor de todo lo que existe. Invitaban a creer en Él y confiar en la Buena noticia que les anunciaban. Así fue que muchos oyentes se conmovieron y se hicieron bautizar. Así lo dice la Biblia en el Libro de los hechos de los Apóstoles: “Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. (…) se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. (…) Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil”. (Hch 2,4-41)

Hoy mismo, en donde se proclama el evangelio como Buena Noticia, se forman comunidades cristianas. Surgiendo así un nuevo pueblo de Dios: la Iglesia de Jesucristo. Esta iglesia está unida a Su Señor como miembros al cuerpo y el sarmiento a la vid.

Jesucristo sigue actuando por medio de la Iglesia y en la Iglesia. Los gestos de la Iglesia son prolongación en el tiempo de los gestos salvíficos de Cristo Jesús. Esos gestos que la iglesia realiza en el presente son los sacramentos.

Gracias a la presencia del Señor en medio de su Iglesia a favor de los hombres, y a través del culto celebrado con ellos, la Iglesia está llamada a dar testimonio de que Dios es bueno con todos los hombres, los ama y quiere concederles la salvación.

La Iglesia misma es signo del amor y cercanía del Dios oculto: ella comunica realmente este amor salvífico. Por eso se dice que es sacramento, sobre el que se fundamentan todos los demás sacramentos que ofrece a quienes reciben la Fe.

Dice así un documento que se escribió en el año 1965: “la iglesia es, en Cristo, como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” Esto significa que la misión primera de la Iglesia en medio del mundo es la de anunciar y hacer participar a los hombres de la amistad con Dios. Jesucristo quiere seguir dando su amor a los hombres por medio de la Iglesia.

Cuando la Iglesia se adhirió y quedó involucrada a poderes temporales, sufrió el quedar “pegada” a algo que no le es propia. La Iglesia cuando habla, lo hace en nombre del Dios que no puede aceptar verse ultrajada la dignidad de los hombres -sus hijos-. Ante tantas injusticias la Iglesia ha hablado, porque lo hace en la voz de los que no tienen voz, en el pedido de justicia ante los que sufren el atropello de su dignidad. Como “signo de la amistad de Dios con los hombres” la Iglesia no puede ni debe quedarse quieta. Es por eso que a veces molesta o se la intenta callar difamando.

“Hasta el fin del mundo” dijo el maestro, hasta le fin de la existencia humana la Iglesia seguirá existiendo. Tantos intentaron apagarla, callarla, eliminarla, destruirla y tan en pie sigue estando. Algo igual pasó en los comienzos de la historia cristiana. El mismo libro de los Hechos de los apóstoles lo cuenta. Resulta que estaban planeando eliminar a un grupo de cristianos que predicaban a un tal Jesús, entonces aparece un maestro judío llamado Gamaliel que dice: “Israelitas, cuídense bien de lo que van a hacer con esos hombres. (…) Por eso, ahora les digo: No se metan con esos hombres y déjenlos en paz, porque si lo que ellos intentan hacer viene de los hombres, se destruirá por sí mismo, pero si verdaderamente viene de Dios, ustedes no podrán destruirlos y correrán el riesgo de embarcarse en una lucha contra Dios”. (Hch 5,35-39).

El sabio Gamaliel fue escuchado, pero la historia nos dice que las persecuciones se siguen y seguirán repitiendo en el lugar donde la Buena Noticia sea predicada. El rechazo al evangelio no es dirigido a los hombres, Jesús mismo lo dijo: “el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió” (Luc 10,16)

Hoy, estimado lector, he pretendido dar una pincelada de la identidad y misión de la Iglesia. Iglesia que formas parte desde el día que fuiste ungido en tu Bautismo y en el cuál Dios comenzó a habitar en y con vos, “Hasta el fin del mundo”. Que podamos aprender a ver a la Iglesia católica, no como una especie de multinacional o empresa poderosa, sino como el rostro amoroso de Dios que nos sigue llamando a todos, a experimentar su amor. No te quedes afuera.

¡Hasta la semana que viene!

 P. Maxi Turri

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