El “Canalla” consiguió el título que le fue esquivo frente a Huracán (2014), Boca (2015) y River (2016). El “eterno subcampeón” de Copa Argentina venció 4-1 en los penales a Gimnasia luego de que el partido terminara 1-1 en el tiempo reglamentario. Esta estrella le permite, además, jugar la Copa Libertadores del año que viene.

Gimnasia le metió presión alta a los rosarinos desde el arranque con el corazón en la mano de un equipo tan corto cuantitativa como cualitativamente, recuperando permanentemente en el medio y atacándolos por los costados.

Por eso, pese a sus limitaciones, el que lucía más y mejor era Gimnasia, y por ello también resultó totalmente injusto que antes de los 20 minutos el “canalla” se pusiera en ventaja con un centro desde la izquierda del chileno Alfonso Parot que Zampedri primero conectó de zurda al palo izquierdo del arco gimnasista y en el rebote la mandó a la red de derecha.
No lo merecía para nada el conjunto auriazul, que inclusive menos de 10 minutos después estuvo a punto de aumentar en otra jugada con los mismos protagonistas que el goleador de los rosarinos cabeceó y Alexis Arias con una gran estirada envió al córner.

Pero salvo ese sofocón, todo siguió siendo de Gimnasia hasta la finalización de la etapa, a la que Central llegó con el volante Leonardo Gil amonestado, pero, sobre todo, muy sentido en la pierna derecha, un dato que iba a ser clave en el arranque del período final.

Error del entrenador Edgardo Bauza en no sacar al “Colorado”, que quiso seguir jugando en inferioridad física y apenas superados los cinco minutos perdió una pelota en su propio campo ante la presión de Lorenzo Faravelli y este, tras habilitar a a Santiago Silva y este alargar para Maximiliano Comba, recibió el centro bajo y anticipándose a Matías Caruzzo en el área chica logró la merecidísima paridad.

Tan grande fue el error del “Patón” que mientras los jugadores gimnasistas festejaban el tanto él ya hizo ingresar a Pedro Ojeda por Gil. Demasiado tarde. Y encima perdía el duelo táctico con Troglio.

Pero conforme fueron pasando los minutos a uno y otro se les fueron cayendo soldados importantes. En Gimnasia salió el goleador Faravelli, que jugó infiltrado, y en los rosarinos se alejaron del campo por lesión el autor del otro tanto, Zampedri, y el uruguayo Washington Camacho, que venía mal desde el primer tiempo. Las pérdidas eran sentidas por ambos, ya que todos ellos eran ejecutores de penales.

Pero el partido terminó como empezó y transcurrió, con Gimnasia apretando a Central contra su área y convirtiendo a Ledesma en figura, prevaleciendo claramente el coraje “tripero” por encima de un “canalla” que, con un plantel dotado de mejores individualidades, no las supo aprovechar por el esquema conservador de su técnico.

Pero a Gimnasia le faltó esa puntada final que le hubiese permitido irse vencedor con total justicia al cabo de los 90 minutos regulares, y Central, entonces, llegó a los penales también por obra y gracia de ese dispositivo que llevó a su entrenador a ganar títulos internacionales con otras camisetas. Y por eso, lisa y llanamente por eso, salió campeón.