La operación tuvo lugar en el “San Juan de Dios” de La Plata. Es mínimamente invasiva y de rápida recuperación. La primera paciente tratada con este procedimiento es una mujer de 21 años que padece el síndrome de Wolff-Parkinson-White.

Por primera vez, profesionales del Hospital San Juan de Dios de La Plata realizaron con éxito una novedosa “ablación por radiofrecuencia con abordaje epicárdica” en una joven platense que padece el síndrome de Wolff-Parkinson-White, una afección del corazón que se caracteriza por la aparición de fuertes arritmias.

La joven platense padecía fuertes episodios de taquicardia al menos una vez por semana: su corazón latía más rápido de lo normal incluso en reposo y por este motivo debía ser hospitalizada con frecuencia.

El equipo médico que la intervino ingresó al corazón de la paciente a través de una punción de dos milímetros en la piel: con catéteres de diagnóstico localizaron los circuitos de las arritmias y luego, también con catéteres aplicaron radiofrecuencia.

Cabe consignar que la radiofrecuencia es una energía que se utiliza para realizar las ablaciones a través del calor en la punta de un cable, que genera una lesión de un milímetro y medio de diámetro y de profundidad.

La exitosa intervención duró cinco horas y estuvo encabezada por el especialista en hemodinámia Guillermo Mulinaris, junto al equipo de médicos que componen la sección de Electrofisiología: Francisco Bertolotti, Rodolfo Martínez, María Elna Daglio y Matilde Evans.

“Este procedimiento se efectúa con un catéter especial que permite, como si fuera un bisturí, una pequeña quemadura en la parte del corazón asociada al síndrome. Tiene como particularidad el ingreso a través de la piel, no por vena, como ocurre en otros procedimientos” explicó Bertolotti.

Asimismo, precisó que se trata de una técnica creada por el médico argentino Eduardo Sosa que, en los últimos diez años, comenzó a utilizarse en todo el mundo.

Gracias a la novedosa intervención, en menos de 24 horas, la paciente pudo volver a su casa y hacer una vida normal, con la única precaución de no realizar actividad física por una semana.