Hoy nos convoca un aniversario más de la revolución de Mayo. Un suceso que estudiamos desde pequeños como el acto fundante de nuestra nación, como la primera expresión del pueblo argentino que, en l8l0, deseaba ser libre.

La palabra revolución inmediatamente suena en nuestras mentes como algo grande, como algo significativo. Y vaya que sí lo fue en aquel momento, y lo sigue siendo hoy en día

En aquel entonces ocurrían movimientos de toda índole, tanto políticos como artísticos, científicos y literarios. Pero no solo en nuestro país, toda América estaba pasando por procesos parecidos… y también Europa estaba conmocionada. En nuestras tierras, La gesta de Mayo trajo consigo acontecimientos que se sucedieron en la ciudad de Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, durante el transcurso de la llamada Semana de Mayo, entre el 18 , fecha de la confirmación oficial de la caída de la Junta Suprema Central, y el 25 , fecha en que se destituyó al virrey Cisneros y se lo remplazó por la Primera Junta de gobierno.

Aquella expresión de anhelo de libertad, que los hombres revolucionarios hicieron realidad, se expresaba en un ardiente deseo desde antes de 1810, como un vínculo indestructible que uniría para siempre al pueblo argentino.

A partir de allí, nuestra patria nacía, pujante y llena de sueños por concretar.

La revolución en sí misma cobraba desde ese momento otro sentido, ésta, quedaría en la historia de nuestro país como el símbolo de las luchas y objetivos logrados.

Los patriotas de aquella época vivieron este hecho como la oportunidad de sembrar en nuestro suelo semillas de crecimiento, libertad, paz, unión, progreso y bienestar. Esas semillas fueron arrojadas en suelo fértil y hoy dan sus frutos.

Estas ideas son las que debemos llevar como estandarte, para seguir construyendo entre todos nuestra historia nacional. Este desafío, que muchas veces suena hasta literario, es el camino más difícil, pero es aquel que conocemos desde Mayo de 1810 y que no podemos ignorar.

La Patria, es una realidad poderosa, que nos carga de sensaciones alternadas de gloria y frustración, muchas veces inventando oportunidades que no tenemos e ignorando nuestras reales fortalezas.

No debemos sentir que estamos solos, somos un pueblo que debe permanecer unido, y defender el ideal de los que tanto dieron por la patria. Sin olvidar que existe un manto que nos cobija y protege, que nos hermana y nos alivia, es el de nuestra Madre María, testigo de cada paso de nuestra historia.

En aquellos años no fue fácil, hoy tampoco lo es…

Si unimos nuestros deseos y reivindicamos el mismo sentimiento de aquellos patriotas, nada ni nadie, nos apartará de nuestro destino de grandeza.

Que no nos ganen ni las dificultades ni el descontento…con fortaleza y unidos podremos lograrlo.