Estos dos “MANJARES”, aromatizados con esencia de vainilla, que se muestran las dos imágenes, son de elaboración casera, pasatiempo, entre otros, que obliga la pandemia en nuestra casa, manjares que eran también muy apreciados durante la época de la colonia, pero, viene de muchos años antes con distintos nombres, por ejemplo, en el caso del dulce de leche.

Estos dos postres, estuvieron presentes en la colonia y por supuesto en los meses que duró el Congreso en Tucumán, que tenía el fin de declarar nuestra Independencia Nacional.

Entre las comidas típicas de la época, se servía: locro, que era un guisado caliente con maíz, zapallo calabaza, carne y frijoles entre otros agregados según la tradición del lugar, también las empanadas rellenas generalmente de carne, la carbonada criolla, la célebre mazamorra, la humita en su chala, y por supuesto el infaltable asado criollo; el General San Martín, dicen,

era muy hábil de comerlo con cuchillo a lo gaucho, también se degustaba estofado, puchero, matambre, albóndigas que se servían a menudo en esa época, y como postre había arroz con leche, dulce de leche y las frutas de estación, de la planta a la mesa en lo posible.

La carne que se consumía generalmente era de vaca, también de pollo, cerdo, pavo, gallina, perdices, y los vegetales típicos entre otros, estaban el tomate, la papa, la cebolla, la lechuga, la coliflor, la acelga, la palta, la alcachofa, el espárrago, la lenteja, el repollo, por nombrar algunos.

En cuanto a la historia del “DUCE DE LECHE”, tenemos distintas referencias con escritos y fechas, pues tenemos ciertos escritos que lo hacen llegar a España por el Siglo XIII, con los viajes de lo árabes, y se lo ubica también en Rusia, con una receta medieval, según he leído, entre otras por Brasil, “doce de leite”, que por Minas Gerais lo dan por el 1773, también en Indonesia, lo llamaban “dulce gata”, pero por Chile con nombre de “manjar”, entrando por Cuyo a Mendoza y corre a Tucumán y lo datan por los años 1693 y por 1772, todo en época colonial.

En Argentina, la historia se da por 1829, con el hecho, de cuando se estaba por firmar el Pacto de Cañuelas entre el Comandante General de Campaña, Don Juan Manuel de Rosas y el General Don Juan Galo de Lavalle. Resulta que Lavalle llega antes y se recuesta en el catre de Rosas, la criada al verlo se pone nerviosa, olvida la lechada, leche azucarada caliente que hacía para el mate, y cuando la va a traer para usarla estaba espesa y de color marrón, pero ellos la

compartieron, y a Rosas le agradó por su sabor, habían deleitado el “dulce de leche” y siguieron con sus discusiones a fin ir a firmar ese Pacto en la estancia La Caledonia, en Cañuelas.

Entre otras cosas de la época, se usaba el “Charqui”, carne salada y secada al sol, algo fácil de transportar sin frío, y de tener siempre a mano para cocinar con carne, generalmente usada en los guisados según la ocasión y lo que se tenía a mano para hacerlo, más si se andaba en campaña, cuando estaban en paz, o en tiempo de guerra, como en ese momento de nuestra historia libertadora.

Entre las comidas predilectas en esa estadía en Tucumán, el asado, como hasta hoy, la sopa de arroz o de fideos, un buen puchero o rico guisado, todos con carne fresca, y para el postre, los dulces de frutas, el dulce de leche, el arroz con leche, jaleas, generalmente de membrillo, la crema de leche, y los oportunos pastelitos o pasteles de dulce y los alfajores que no podían faltar por las tardes, entre otros.

Siempre la buena cocina estuvo presente en los acontecimientos, no importan cuales, siempre hay necesidad de comer y de degustar algo rico, no para menos, en nuestros acontecimientos patrios, a 204 años de la declaración de la Independencia Nacional.

Noé Zenón Suárez Casielles-2020.